IMC ¿Qué es el Índica de Masa Corporal?

por | Nov 29, 2019 | Destacado

El IMC (Índice de Masa Corporal) es una razón matemática que asocia la masa y la talla de un individuo. Fue ideada por el estadístico belga Adolphe Quetelet, por lo que también se conoce como índice de Quetelet. Se calcula dividiendo la masa de una persona por su estatura al cuadrado, y se expresa en kg/m2.

¿Es fiable el Índice de Masa Corporal?

Según un artículo de la revista de la Escuela de Medicina de Harvard, cada vez más personas conocen su índice de masa corporal, tal como conocen otros indicadores de su salud, como el nivel de colesterol o de azúcar.

Pero una vez conocido nuestro IMC, la pregunta en los últimos tiempos sería: ¿merece la pena saberlo?

El IMC es un criterio ampliamente aceptado pero no exacto. Clasifica a las personas dentro de las categorías de infrapeso, peso normal, sobrepeso y obesidad, basándose exclusivamente en la masa del individuo y su altura.

Por tanto, no tendría en cuenta la edad, el sexo, el porcentaje de grasa corporal o la masa muscular.

Hoy día sigue siendo objeto de debate dónde colocar los límites de las categorías, pero se aceptan comúnmente los siguientes:

infrapeso, por debajo de 18.5 kg/m2
peso normal, de 18.5 a 25 kg/m2
sobrepeso, de 25 a 30 kg/m2
obesidad, más de 30​ kg/m2

Los IMC por debajo de 20 y por encima 25 han sido asociados con mayores índices de mortalidad, disminuyendo el riesgo en los comprendidos entre 20 y 25. Pero situaciones como el embarazo o el poseer una masa muscular alta pueden desvirtuar los resultados del IMC. Y por otro lado, no es el método más exacto para medir la salud de niños o ancianos.

Datos y estudios que relativizan el IMC

Es importante ser consciente de que el IMC en sí mismo no mide “la salud”, ni tampoco ningún estado fisiológico que indique la presencia o ausencia de enfermedad.

Es simplemente una medida del tamaño de un ser humano. Muchas personas tienen un IMC alto o bajo y están saludables y, por el contrario, muchas personas con un IMC normal no lo están.

Por ejemplo, una persona con un IMC normal que fuma y tiene un historial familiar de enfermedad cardiovascular puede tener un mayor riesgo de muerte cardiovascular temprana que alguien con un IMC alto pero no fumador.

Y por otro lado, está la llamada «paradoja de la obesidad»: algunos estudios han observado que a pesar de que el riesgo de ciertas enfermedades crece con el aumento del IMC, las personas tienden a vivir más tiempo de media si su IMC es un poco más alto de lo que se considera recomendable.

De acuerdo con una investigación del International Journal of Obesity publicada en 2016, casi la mitad de los sujetos del estudio considerados con sobrepeso por el IMC tenían un perfil cardiometabólico saludable, que incluía una presión arterial, colesterol y azúcar en sangre normales. Por contra, alrededor de un tercio de los sujetos estudiados con medidas normales de IMC tenían un perfil cardiometabólico poco saludable.

Los autores del estudio lamentaron la inexactitud del IMC. Según ellos, esta inexactitud se traduce en etiquetar erróneamente a millones de personas como no saludables, y también pasar por alto a millones de otras personas que en realidad no lo están, y que solo el IMC las considera con buena salud.

De acuerdo con la revista de la Escuela de Medicina de Harvard, no se puede esperar que el IMC, como medida única, identifique la salud o enfermedad cardiovascular. Y lo mismo vale para los índices de colesterol, azúcar en sangre o presión arterial como medidas únicas y descontextualizadas.

Más dudas

Según la sección de salud de la revista Time, los científicos llevan años recordando que el IMC no puede distinguir entre la grasa y el músculo, que tiende a ser más pesado y puede hacer que se encuadre a las personas más tonificadas en el estado de sobrepeso, incluso si sus niveles de grasa son bajos.

En la revista Science, estudios de la Universidad de Pensilvania recordaron que el IMC tampoco separa los diferentes tipos de grasa, que pueden asimismo tener diferentes efectos metabólicos sobre la salud.

El IMC no tiene en consideración, por ejemplo, en qué parte del cuerpo se retiene la grasa. La grasa del vientre, conocida como grasa visceral, es más dañina que la grasa que simplemente se asienta debajo de la piel.

La grasa visceral se desarrolla profundamente entre los músculos y alrededor de órganos como el hígado, y al liberar ciertas hormonas y otros agentes, interrumpe la capacidad del cuerpo para equilibrar sus necesidades de energía.

Incluso las personas relativamente delgadas pueden tener altos niveles de grasa visceral, lo que significa que pueden considerarse saludables según los estándares del IMC, pero pueden tener un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud relacionados con el aumento de peso.

En otro estudio realizado en 2012 y publicado por la revista científica digital PlosOne, aproximadamente la mitad de las mujeres que no fueron clasificadas como obesas según su IMC, en realidad eran obesas cuando se tenía en cuenta su porcentaje de grasa corporal.

En contraste, entre los hombres, el IMC había negado la condición de obesos a una cuarta parte de los hombres que sí lo eran por porcentaje de grasa corporal.

Y alrededor del 39% de los participantes que fueron clasificados como con sobrepeso por su IMC serían en realidad, de acuerdo con su porcentaje de grasa corporal, obesos.

¿Por qué se mantiene entonces el uso del IMC?

Según la sección de salud de la revista Time, porque es una medida fácil de tomar por el médico durante una consulta. Medir la altura y el peso de una persona y ponerlos en una ecuación produce un número que proporciona información a los doctores.

Pero puede haber formas de medir la grasa corporal que informen mejor sobre la influencia del peso en la salud de una persona. Por ejemplo, las tomografías computerizadas y las resonancias magnéticas pueden proporcionar una visión más clara de la composición del cuerpo al separar la grasa del músculo. Pero son mucho más costosas que una medición tradicional de altura y peso.

Con lo cual, sin una alternativa viable de cambiar la forma en que se mide la grasa corporal, por ahora el IMC es la mejor opción. Los autores del estudio argumentan que quizás los médicos deberían confiar no sólo en evaluar la composición corporal, sino también en medir las hormonas y los biomarcadores en la sangre o la orina, para controlar mejor los procesos anormales que pueden contribuir a la obesidad y las enfermedades crónicas.

Hasta que tales pruebas no estén ampliamente extendidas el IMC aún puede resultar útil, siempre que los médicos lo combinen con una evaluación exhaustiva del historial médico y los hábitos de vida de sus pacientes.

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