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Efectos de la cosmética convencional en el medio ambiente (II)

por | Ene 25, 2019 | MEDIO AMBIENTE

Ejemplo de conservante que contamina: el triclosán

El triclosán es un agente bacteriano y fungicida, permitido por un reglamento de la UE como conservante en jabones de manos, pastas de dientes, cremas solares o desodorantes, en los que se puede utilizar en concentraciones de hasta el 0,3%. El triclosán accede al medio ambiente a través de las aguas residuales domésticas, en las que penetra tras el enjuague de los productos que lo contienen. Su presencia es global: se ha encontrado en aguas superficiales de los EE.UU., Reino Unido, Corea del sur y China. Debido a su estabilidad, el triclosán tiene un potencial de bioacumulación en algas, plantas o animales, como lombrices de tierra, peces o mamíferos marinos. El triclosán se encuentra entre los 10 compuestos más localizados en los análisis de las aguas residuales.

<– EFECTOS DE LA COSMÉTICA CONVENCIONAL SOBRE EL MEDIO AMBIENTE (I)

El triclosán en las personas

En algunos estudios se han llegado a detectar concentraciones de triclosán en fluidos humanos, a los que se cree que llega desde los productos de cuidado personal que lo contienen. Otros autores creen que puede llegar al cuerpo humano por consumo oral, ya que en varios estudios, hechos en EE.UU y Canadá, se han detectado concentraciones de triclosán en agua destinada a consumo humano. Algunos estudios indican que la exposición al triclosán puede producir efectos negativos en la salud humana, como deterioro de la función hepática o endocrina. Todos los datos disponibles sobre la presencia ambiental del triclosán, además de sus posibles efectos sobre la salud, hacen que este compuesto se considere un contaminante prioritario.

Microesferas de plástico

Se consideran microesferas de plástico, según un criterio ampliamente aceptado, aquellas de menos de 5 milímetros. Estas microperlas plásticas están presentes como depuradores abrasivos en una serie de productos de cuidado personal y cosméticos, como jabones de manos, pastas de dientes o exfoliantes faciales. Su función es sustituir a los materiales exfoliantes naturales y tradicionales, como la piedra pómez o la avena. Pero además de como agentes exfoliantes, las microesferas plásticas pueden estar incorporadas a productos de maquillaje, con un uso únicamente embellecedor.

El impacto de los microplásticos

Estudios hechos en EE.UU. cifran el consumo de microesferas plásticas en unos 2,4 miligramos por persona y día, con lo que dicho país estaría emitiendo unas 263 toneladas de polietileno microplástico al año. El consumo de microesferas en la Unión Europea, incluidas Suiza y Noruega, es de alrededor de 4360 toneladas anuales. Diversos estudios confirmaron también que las microperlas contenidas en los cosméticos pueden actuar, en el ambiente marino, como medio de transporte de otros contaminantes químicos. Esto se produce por ser las microesferas capaces de retener dichos contaminantes en su superficie. Hay tipos de microperlas de plástico, como el ya mencionado polietileno, que se acumulan en la superficie del agua. Pero las hay también de otros tipos, por ejemplo de poliéster, que por su mayor densidad llegan a alcanzar los sedimentos marinos. Como era de esperar, pueden ser ingeridas por diferentes organismos, como por ejemplo peces o aves marinas, con efectos dañinos sobre los mismos.

Iniciativas contra los microplásticos

Dada la creciente preocupación mostrada por la comunidad científica respecto de los microplásticos, diferentes países europeos, como Bélgica, Países Bajos, Austria y Suecia, han emitido una petición conjunta para prohibirlos en productos cosméticos. En diciembre de 2015 se firmó en EE.UU. un proyecto de ley que ordenaba detener la fabricación de productos cosméticos con microplásticos para el 1 de julio de 2017, y el final definitivo de su venta para el 1 de julio de 2019. En los últimos años, diferentes empresas de cosmética se han comprometido en la eliminación de los microplásticos de sus productos, sustituyéndolas por alternativas naturales como la piedra pómez, cáscaras de nuez y coco o perlas de jojoba.

Siliconas

Para hablar de estos compuestos, nos centraremos en las siliconas D4 (llamada así para abreviar su larguísimo nombre químico) y la D5. La silicona D4 era considerada, cuando comenzó a utilizarse, un ingrediente económico que proporcionaba brillo al cabello, además de un tacto sedoso. Pero el descubrimiento de su impacto tóxico sobre el medio marino condujo a su sustitución por otra silicona: la ya mencionada D5. El problema es que un organismo regulador de este tipo de ingredientes, en este caso el de Canadá, expresó en 2011 sus sospechas de que la D5 seguía teniendo un serio impacto sobre el agua del mar.

Regulación europea sobre las siliconas

En 2015, el Comité Científico de Seguridad del Consumidor, organismo de la Unión Europea, declaró que la D4 tenía un cierto potencial de toxicidad. Y a comienzos de 2017, la Comisión Europea propuso prohibir el D4 y el D5 en productos cosméticos enjuagados (champús, geles de ducha, acondicionadores…) Ya en 2018, un reglamento de la Unión Europea decide la limitación efectiva en productos cosméticos de las siliconas D4 y D5, que no van a poder superar concentraciones superiores al 0,1%. El reglamento se aplicará a partir del 31 de enero de 2020.

Conclusiones

En los últimos años se ha producido un aumento de la cantidad de contaminantes liberados en el medio ambiente, y que proceden del creciente consumo de una amplia gama de productos, entre los que se encuentran los cosméticos y los productos de cuidado personal. Los compuestos químicos presentes en la cosmética convencional influyen severamente en la naturaleza, ya que se trata de productos de uso diario para la práctica totalidad de la población de los países desarrollados. El destino de dichos contaminantes es desconocido en muchos casos, ya que cierta parte queda neutralizada por las plantas de tratamiento de aguas y residuos, pero otra es inmune a este proceso depurativo. De esa manera, estos compuestos acceden tanto a medios acuáticos como terrestres, dónde resultan bioacumulables e interfieren en numerosos procesos naturales, dañando a vegetales, animales y personas. Por otro lado, los contaminantes presentes en los cosméticos pueden ponerse en contacto con otros de otra procedencia, generando nuevos compuestos impredecibles. En el caso de los humanos, el efecto dañino de estos contaminantes puede venir por el contacto epidérmico directo con ellos, o incluso con su consumo oral (mediante el agua de uso doméstico). Hoy en día, por supuesto, se siguen llevando a cabo estudios cada vez más refinados sobre el impacto de los productos cosméticos en la naturaleza. Una mayor información sobre los posibles efectos ambientales de los cosméticos, y que aparezca de forma clara en los envases de los mismos, puede alentar a sus consumidores a un uso más responsable e informado de los mismos. Y el uso de productos cosméticos naturales es, por supuesto, la única opción que no arroja ninguna duda sobre su sostenibilidad y respeto hacia los ecosistemas.

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